Las manos de Marta sostienen una libreta con el logo del Instituto de Investigaciones Feministas, un gesto que anuncia un espacio de reflexión colectiva y compromiso académico. Esa libreta no es papel gris: es un cuaderno de futuras preguntas, políticas, ideas que buscan desentrañar desigualdades y abrir caminos comunes. Su feminismo nació cuando comprendió que, por ser mujer, le habían negado equidad y desde ese reconocimiento decidió poner un nombre a lo que hasta entonces era silencio.
Desde su rol académico se apuesta por unir los estudios de género y los estudios LGBT, tejiendo puentes donde antes hubo muros de indiferencia. Su activismo es sostenido, tranquilo, constante, hecho de enseñanza, investigación, acompañamiento. Su fotografía es un testimonio de que el feminismo no se declara, se cultiva día a día, con cuidado, con palabra, con acción.