Las manos de Gemma escriben sobre el teclado mientras, detrás, los libros de género recuerdan la raíz de su trabajo: estudiar, nombrar y transformar las desigualdades que atraviesan el ámbito laboral. Con honestidad reconoce que incluso quienes enseñan feminismo siguen marcadas por estereotipos difíciles de desmontar, y que la mayor responsabilidad es no transmitir esas contradicciones a las generaciones que vienen.
Su trayectoria investigadora ha estado dedicada a visibilizar la violencia de género, el acoso sexual y el acoso por razón de sexo, generando conocimiento desde observatorios, publicaciones y aulas. En la fotografía, sus manos hacen lo que lleva años haciendo con firmeza: escribir justicia, abrir espacios y reclamar derechos que durante siglos fueron negados a las mujeres.